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FULGENCIO  PECH JIMÉNEZ
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EL GOZO DEL PERDÓN, PROCESO Y RESULTADOS

Dec 17, 2013

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  Mientras los huesos del poderoso, rico y famoso rey David se secaban a causa de no haber confesado su pecado, el más pobre de sus súbditos que estaba en paz con Dios vivía como árbol plantado junto a corrientes de aguas. Dele clic a la barrita de audio para escuchar el mensaje mientras lo va leyendo.

 

 

  Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmos 32:1)

El salmo 32 parece ser la secuela o continuación del salmo 51.

En el salmo 51 vemos al rey David arrepentido y clamando por el perdón de Dios.

En el salmo 32 vemos al mismo rey David gozoso por la experiencia maravillosa de haber sido perdonado.

Ser bienaventurado es ser feliz, feliz, feliz, o sea: ¡Felicísimo!

Los cristianos necesitamos entender y valorar más lo que significa ser perdonados.

Una de las razones, y tal vez la principal razón de que los cristianos tengamos dificultad para mantenernos en santidad, es la falta de gozo por el perdón de nuestros pecados.

Todo mundo quiere ser feliz, pero muy pocos se han dado cuenta de que el cimiento de la verdadera felicidad está en el perdón de nuestros pecados y en la perseverancia en el gozo y convicción de estar limpios delante de Dios por la cobertura que nos da la sangre preciosa de Jesucristo.

Muy pocos cristianos han notado la gran relación que existe entre la santidad y la felicidad. Y casi nadie se ha dado cuenta de la relación que también existe entre la convicción de ser perdonado y la santidad.

Mientras los huesos del poderoso, rico y famoso rey David se secaban a causa de no haber confesado su pecado, el más pobre de sus súbditos que estaba en paz con Dios vivía como árbol plantado junto a corrientes de aguas.

Y hoy, nosotros, podemos tener un buen empleo, una jugosa cuenta de cheques en el banco, una casa llena de lo mejor de la tecnología y del mobiliario moderno, un cuerpo saludable, una figura envidiable y una bonita familia, pero si no tenemos el gozo de que nuestros pecados han sido perdonados, nuestra relación con Dios será una carga muy difícil de llevar.

Sin embargo, nadie disfrutará del gozo de ser perdonado si primero no entiende cómo se llega a ese gozo y qué grandes beneficios produce para la gloria de Dios y para nuestro bien.

Por eso hoy meditaremos en “El gozo del perdón, proceso y resultados”

 

I- COMIENZA CON UN ARREPENTIMIENTO GENUINO:

El arrepentimiento es tan importante en la vida del ser humano que Jesús inició su ministerio público con estas palabras:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17)

El arrepentimiento genuino consta de cuatro elementos:

Convicción de pecado.

Tristeza por el pecado.

Dar la espalda al pecado.

Restituir por el pecado.

Convicción de pecado:

Para experimentar el gozo del perdón primero necesitamos ser perdonados, pero para ser perdonados necesitamos pedir perdón, y para pedir perdón necesitamos estar conscientes de que hemos pecado.

Sin embargo, resulta que la mayoría de los cristianos, cantan alabanzas a Dios por haber sido perdonados, pero piensan en el pecado como algo muy general.

Los pecados que motivaron a David para escribir los salmos 51 y 52 fueron pecados muy escandalosos y entre ellos destacan dos: Adulterio y Homicidio.

Pero, muchos cristianos no experimentan el gozo del perdón porque no han cometido pecados escandalosos: No han matado, no han cometido fornicación, tampoco han ofendido al Señor con un adulterio físico y jamás han robado o si lo han hecho nunca ha sido del conocimiento público.

Sin embargo, la Biblia dice que “no hay justo ni aún uno”

Por lo tanto, si al hacer un análisis muy rápido de su vida, no encuentra pecado qué confesar a Dios, pues entonces o viene de otro planeta o es usted la cuarta persona de la Trinidad.

Porque según la Biblia, en cualquier vida, por limpia que parezca, hay pecado, pero no podemos estar conscientes de ello mientras no detectemos en qué estamos pecando.

¿Qué podemos hacer para tener convicción de esos pecados que no hemos detectado en nuestra vida?

Acercarnos más a la luz. Jesús dijo:

“Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:20)

No es lo mismo venir al culto que venir a la luz.

Necesitamos entrar en una comunión más estrecha con Dios.

Pedirle con mucha humildad a personas maduras que nos digan qué pecados observan en nosotros:

“…exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13)

Orar pidiendo a Dios que nos muestre esos pecados:

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23,24)

Analizar nuestros pecados desde la perspectiva de Dios:

Posiblemente, David estaba luchando con su conciencia y hacía todo lo posible por justificarse: No era el primero ni el último que cometía ese pecado; otros hombres habían cometido pecados más horribles, por ejemplo Joab el general de su ejército u otros reyes que él conocía; él era un buen rey y había hecho cosas muy buenas a favor de Israel; había sido muy condescendiente con Saúl aunque este siempre quiso matarlo, Etc.

Pero, Dios le envió al profeta Natán con aquella parábola, y en esa parábola que ilustraba su propia vida él detectó un crimen horrible que merecía el peor de los castigos.

La mayoría de las veces no vemos pecado en nuestras vidas porque lo justificamos o lo minimizamos.

Necesitamos que Dios nos haga ver la trascendencia de pecados tan comunes como, mentir, chismear o flojear.

A veces aún cometiendo pecados como adulterio, fornicación o robo, el cristiano se justifica con los pecados de otros hermanos.

Una manera favorita de auto justificar el adulterio, la fornicación, el robo o la homosexualidad es argumentando que muchos herman@s en la iglesia que no cometen esa clase de pecados escandalosos, son hipócritas, porque se mueren de ganas de hacer lo mismo, pero no lo hacen por miedo al “qué dirán”.

Así que si usted todavía no está consciente de cuáles pecados le están impidiendo disfrutar del gozo de ser perdonado, no tiene que ir a pecar deliberadamente pensando que no hay pecado en su vida, porque sí los hay y Dios sabe cuáles y cuántos son.

Lo que podemos hacer para tener convicción de pecado es: Acercarnos más a la luz por medio de una comunión más estrecha con Dios, pedirle a hermanos maduros que nos digan qué pecados ven en nosotros, orar a Dios pidiéndole que nos muestre los pecados que nosotros no notamos, y analizar nuestros pecados desde la perspectiva de Dios.

Ahora bien, la persona que obtiene la valiosísima convicción de pecado todavía no disfruta del gozo del perdón, pero pronto lo tendrá si continúa el proceso que lo llevará hasta ese estado maravilloso que todo cristiano debe anhelar.

Pero, ahora veamos otro elemento del arrepentimiento genuino.

 

Tristeza por el pecado:

Pablo, escribió una carta a los corintios cuyo contenido incluía palabras de reprensión y exhortación que entristecieron a aquellos hermanos, pero después les escribió lo siguiente:

“Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (Corintios 7:8-10)

La reprensión y exhortación de Pablo obró para que los corintios tuvieran convicción de sus pecados y esa convicción los llevó a una tristeza por sus pecados.

En nosotros también debe suceder lo mismo: la convicción de pecado nos debe entristecer.

Pero esa tristeza es buena porque es producto de la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. ¡Es una tristeza santa!

Jesús dijo en el Sermón del Monte:

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3

El gozo de sentirnos perdonados sólo lo tendremos después del dolor de la culpabilidad.

Ahora bien, la convicción y la tristeza por el pecado son actitudes muy buenas, pero por sí mismas todavía no integran el arrepentimiento genuino.

El arrepentimiento genuino requiere acción. No es lo mismo despertar a las cuatro de la mañana que levantarse a las cuatro de la mañana.

Así que la convicción y tristeza por el pecado nos despiertan, pero si no nos mueven a hacer algo, no nos ayudarán para experimentar el gozo del perdón.

Así que necesitamos:

Dar la espalda al pecado:

Esa agraciada persona que ya está consciente de su pecado o pecados, y está muy triste por haber ofendido a Dios, ya está lista para acudir gozosa al llamado de Jesús:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)

Venir a Jesús es dar la espalda al pecado, porque el arrepentimiento es una vuelta en “U”. Vamos a ilustrarlo de la siguiente manera:

La Biblia dice en Lucas 15 que el hijo pródigo “volvió en sí” y eso significa que tuvo convicción de su pecado.

Después reflexionó y miró que su condición era peor que la de uno de los jornaleros de su padre.

Luego, decidió volver a su padre, confesar sus pecados y humillarse ante él.

Pero, su arrepentimiento se hizo más real cuando se levantó, metió reversa, se alejó de “la provincia apartada” y regresó literalmente a su padre a quien ahora valoraba y amaba con todo su corazón.

Así también ha de suceder con cada cristian@, necesitamos dejar de justificarnos y de minimizar nuestros pecados y reconocer que Dios, nuestro Padre siempre ha tenido la razón, que lejos de él solo viviremos como pordioseros.

Pero, no hemos de vivir como pordioseros puesto que somos hijos del Rey.

Así que hay que meter reversa y abandonar “la provincia apartada.”

Sin embargo, aunque le demos la espalda al pecado, aun falta un elemento:

 

Restituir por el pecado:

Sin restitución no hay evidencia de un verdadero arrepentimiento.

Restituir es pagar lo que hemos roto. Dejar las cosas en el estado en que estaban.

Si robamos debemos devolver lo robado, si calumniamos debemos publicar que lo hicimos.

En la historia de Zaqueo encontramos un hermoso ejemplo de restitución.

Sin embargo, es mejor no pecar, porque hay cosas que no se pueden restituir:

Ilustración: (Arrojar plumas al aire)

 

II- DEPENDE DE LA CONVICCIÓN DE HABER SIDO PERDONADO:

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmos 32:1)

El gozo que se percibe en este texto, no puede ser otra cosa que una profunda convicción ya no solamente de haber pecado, sino ya ahora, es la convicción explosiva y contagiosa de haber sido perdonado.

¡Cómo me identifico con este texto de la Biblia!

En 1979, experimenté en mi propia vida ese mismo gozo que David proclama en el salmo 32.

Fue tanto mi gozo que escribí varias canciones y una de ellas dice:

//Es imposible lograr callar, lo que Jesús ha hecho en mí,

Es imposible lograr guardar como un secreto lo que, en mi vida, ha hecho el Señor:

Cuando lloraba de dolor, al comprender que mi maldad

Había ofendido a mi Señor y me creía sin perdón,

Jesús me buscó, Jesús me buscó,

¡Gloria a Él!, me buscó y perdón me dio y de gozo mi vida llenó;

Jesús, Jesús que bueno es//

 

Este gozo de David es una oración contestada:

“Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (Salmos 51:12)

 

Este gozo del perdón depende de la fe que pongamos en la Palabra de Dios:

“El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:19)

“Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:17)

Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22)

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18)

 

III- MOTIVA AL CRISTIANO PARA SANTIFICACIÓN:

La Biblia nos motiva a una vida santa enseñándonos que hemos sido perdonados y limpiados de nuestros pecados:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11)

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6)

La Biblia nos dice que el amor de Cristo nos empuja, nos obliga, nos presiona, para que también le amemos y vivamos para él:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;  y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:14,15)

 

CONCLUSIÓN:

Cuando Jesús en Mateo 6:33 nos manda que busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia y que las demás cosas vendrán a nosotros por añadidura, no nos está enseñando una norma para suplir nuestras necesidades económicas.

Lo que nos está diciendo es lo mismo que dijo en Juan 6 a quienes lo buscaban por interés: No procuren el pan que perece sino el pan que a vida eterna permanece.

Más que salud, más que alimentos, más que vestido y más que dinero necesitamos el perdón de nuestros pecados y la paz con Dios.

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?

El rey David era rico, famoso y poderoso, pero sólo el gozo del perdón de Dios le dio sentido a su vida.

Nadie será feliz si no reconoce sus pecados y se arrepiente de ellos, buscando el perdón de Dios.

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmos 32:1) 

 (Mensaje predicado a la Iglesia Bautista Manantial de Aguas Vivas de Mérida, Yuc., Méx. el 10 de noviembre de 2013 por el pastor Fulgencio Pech Jiménez)